Gordofobia, como problema estructural y sistémico

Fotograma de la película " Cerdita" donde la directora denuncia la gordofobia que sufrió de niña y durante toda su visa

La gordofobia se define como el odio, rechazo y violencia que sufren las personas gordas, por estar gordas.

Había escrito este artículo para denunciar la gordofobia, llevaba una semana en la redacción de El País, se iba a publicar en la fecha que finalmente l hizo. La casualidad hizo que el día de antes muriese la actriz Itziar Castro, desencadenando una ola de gordofobia que subraya la urgencia de esta denuncia. Aquí os dejo el articulo completo.

La gordofobia se define como el odio, rechazo y violencia que sufren las personas gordas, por estar gordas. También se puede entender como el miedo a la gordura, a la propia (gordofobia interiorizada) y a la ajena.

Se caracteriza por actitudes negativas, estereotipos y prejuicios hacia las personas gordas y pueden estar acompañados de actos de violencia física, moral, verbal o física (Noronha y Deufel, 2014).

La gordofobia es estructural y sistémica, las personas con más peso se enfrentan cada día a espacios que les dicen que su cuerpo no cabe, incluso poniendo en riesgo su salud, por ejemplo, con los cinturones de seguridad que no les sirven en los transportes públicos.

 Viven en un escrutinio continuo en el que se adivina y se juzga su salud, sus hábitos, y su personalidad, solo por lo que ocupa su cuerpo.

Desde el sistema, se les oprime mediante el acceso a transporte y espacios públicos, falta de oportunidades de movimiento. Se les tilda de poco deportistas y perezosos, pero pocos son los gimnasios o centros deportivos para que personas con mucho peso puedan hacer deporte.

En el ámbito científico y sanitario se habla más de “sesgo de peso” o “estigma de peso” que es esa inclinación para hacer juicios de valor hacia la persona únicamente sobre la base de su peso.

El estigma de peso, además, crea estereotipos, y da por hecho que las personas con cuerpos más grandes no comen de forma saludable, no hacen deporte, están deprimidos, son torpes y descuidados y no tiene voluntad ninguna. ¿Alguna cosa más? Sí, se me olvidaba, cualquier enfermedad que padezcan es achacable a su peso. Por supuesto, los delgados no enfermamos, la delgadez nos protege de enfermedades como las vacunas.

Un estigma asociado a un grupo de personas con características similares se convierte en un estigma social, ¿Y qué significa un estigma? Se refiere a una condición, atributo, rasgo o comportamientos que hace que su porteador genere una respuesta negativa y sea visto como culturalmente inaceptable o inferior, (Flores, medina; Robles, 2011). Bajo el manto todopoderoso del estigma, se llega a la exclusión social, mediante las burlas, insultos, barreras y obstáculos, existiendo así una gordofobia estructural que se aplica de forma individual y colectiva. El estigma se puede aplicar desde la propia familia, amigos, la educación y la sanidad.

La gordofobia además genera vergüenza corporal, los cánones estéticos han hecho que solo exista un modelo de cuerpo posible. De tal manera, que en la medida que nos alejamos de él, la valía de nuestro cuerpo disminuye. En especial sobre nosotras, las mujeres, la presión que recibe una mujer gorda sobre su cuerpo, es mayor que la que recibe un hombre gordo, y a su vez la que recibe una mujer gorda blanca, es menor, a la que recibe una mujer gorda negra. Y así, a medida que vamos sumando diferentes factores como sexualidad, etnia, etc.

En la medicina y la sanidad, en general, siempre se ha trabajado con el peso como punto de corte, el IMC (índice de masa corporal) el cual determina si nuestro peso es saludable o no. Es un parámetro totalmente obsoleto, no tiene en cuenta nada más que el peso y la estatura de la persona, y para más inri está hecho solo sobre hombres blancos, por lo que las medidas dejan fuera a las mujeres y a todas las razas menos a la caucásica. No es una medida interseccional, pero aun así se aplica para todos igual.

Desde este imperativo de equiparar la salud a peso, se ejerce la gordofobia médica, y se puede manifestar de muchas maneras:

  • Ante cualquier dolencia, aunque no tenga nada que ver, se prescribe pérdida de peso
  • No tener sillas adaptadas en consultas de medicina o nutrición.
  • No se ofrecen los mismos recursos que a personas delgadas y al final eso supone poner en riesgo la salud de las personas gordas que dejan de ir al médico.
  • Denegación de tratamientos de fertilidad basados en el IMC.

Esto acaba por vulnerar el derecho básico de acceso a una atención médica de calidad.

Por otro lado, no hay referentes gordos ¿Cuántos actores gordos conoces? ¿Y actrices? ¿Cuántas de ellas tiene papeles protagonistas? Y si lo son, ¿En cuántas la trama no gira en torno a su peso? Normalmente, los personajes gordos, son secundarios, graciosos, no deseables, y siempre se pasan la vida a dieta.

Ante tanta presión, tanta vergüenza y tan poca visibilidad, no hay quien se cuide. El mayor deseo es encoger, disminuir el tamaño del cuerpo, para caber, para encajar, para dejar de ser juzgados, para parar de pedir perdón por el tamaño corporal y poder vivir en paz.

La gordofobia tiene grandes consecuencias en la vida de las personas gordas, sufren burlas y acoso, tiene más riesgos de padecer trastornos de la conducta alimentaria, ciclos de dietas, ansiedad, evitación de actividades físicas, privarse de cosas que les guste hacer por evitar la exposición de su cuerpo.

Vaya, poner en pausa su vida hasta adelgazar.

Al final ser gordo se ha convertido en una identidad que nadie quiere, como dice Enrique Aparicio, guionista y escritor: “Ser un niño gordo y marica había arrasado mi salud mental, y me había convencido de que no merecía ser querido. Siempre ansioso, siempre ahogado por la vergüenza y la culpa. Yo no dejaría de ser marica ni por todo el oro del mundo, pero pagaría por dejar de ser gordo”.

Es hora de desvincular el peso de la salud, y trabajar en políticas públicas de salud y no abordar los problemas de alimentación desde el ámbito privado, porque esto acaba siendo clasista y desigual.

A nivel individual, debemos tomar conciencia de nuestra gordofobia interiorizada, trabajarla y corregirla, y si además somos sanitarios o educadores, tenemos una mayor responsabilidad para empezar a transmitir que todos los cuerpos son válidos y que la salud es mucho más compleja que los kilos.

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